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En el siglo XVIII se dio la denominada Revolución Industrial, que en términos escuetos fue la transformación de la sociedad que pasó de prácticas agrícolas y artesanales de la Edad Media a aquellas donde la producción en serie fuera el medio principal para generar “riqueza”. Aparecieron las máquinas que fueron el centro de la industria (aparecieron porque el hombre las creó), otorgaban la posibilidad de producir en masa y con poco personal, y con ellas aparecieron industrias que generaron desplazamiento de las familias hacia las ciudades generando grandes concentraciones de obreros que se asentaron en suburbios superpoblados cercanos a las fábricas para poderse vincular laboralmente y tener la oportunidad de ser parte de esa gran revolución.

La eficiencia en la producción de bienes exigió el estudio de los procesos que llevaban a cabo personas a través de la manipulación de las máquinas (fue tal vez el nacimiento de lo que hoy conocemos como Ingeniería Industrial), eficiencia medida en términos de productos generados y consumo de la maquinaria, pero sin tener en cuenta las condiciones para los trabajadores, de alguna manera concebidos como máquinas inteligentes que aprenden a manejar otras máquinas, condición que los hacía irremplazables. No resultaban importantes las penosas condiciones laborales: sitios de trabajo con humedad, poca iluminación, poca ventilación, tampoco las más de 12 horas diarias de una jornada laboral en los 7 días de la semana.

La estructura social tuvo también grandes transformaciones, al mismo tiempo que se desarrolla la burguesía (los dueños de las fábricas) y su influencia en los temas políticos y económicos era cada vez más importante, surge una nueva clase social: el proletariado, conformada por los obreros, la base de un nuevo sistema económico, quienes más adelante dan inicio a los movimientos obreros de protesta como respuesta a sus deplorables condiciones laborales.

La economía tuvo grandes desarrollos, aparecieron los bancos garantizando un sistema financiero estable, la comercialización de productos tuvo que ponerse al nivel de la capacidad de producción, igual que los medios de transporte que posibilitaron el intercambio comercial y por supuesto el cultural.

A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, una nueva revolución industrial (la segunda) surge pasando de sistemas hidráulicos y de vapor a la era de la electricidad, que trajo consigo otras alternativas de generación de energía como el carbón y el petróleo. También se empezaron a cambiar los trenes por automóviles y aviones, requiriendo el desarrollo de vías e infraestructura para ellos. No fue distinto para las comunicaciones, apareciendo la radio y la telefonía, dando paso a la denominada primera globalización. ¿Se imaginan cómo pudo afectar a la forma como funcionaban las organizaciones? ¿A la forma como las personas se preparaban para enfrentar los nuevos trabajos? ¿qué deberían saber para formar parte de esa transformación? ¿Cómo pudieron afectar sus planes y sus sueños?

Pero la transformación no paró allí, en 1969, cuando el hombre pisaba por primera vez la Luna (gracias una vez más a la matemática), la Tercera Revolución llegó con el uso de la electrónica y las llamadas tecnologías de la información y las comunicaciones (quizás el inicio de los que hoy conocemos como ingeniería de sistemas). Nace Internet como uno de los cambios más significativos para la forma de vida actual, abriendo nuevas posibilidades de comunicarnos y con fuertes implicaciones en nuestra concepción de cómo vemos y entendemos el trabajo, la sociedad, la vida.

En los últimos años, hemos ido adoptando el término de Industria 4.0, la Cuarta Revolución Industrial, que llega con nuevas propuestas como la Producción Aditiva, la Realidad Aumentada, el Internet de las Cosas, la Inteligencia Artificial, entre otras cosas. Y ¿cómo nos hemos venido adaptando a esas nuevas formas de vida? ¿cómo tiene que ser nuestra formación profesional para enfrentar los nuevos retos? ¿cómo aprender? ¿cómo enseñar? ¿cómo convivir? ¿cómo seguir siendo irremplazables?

Cuando yo era estudiante de primer semestre de ingeniería de sistemas, en la reunión de inducción de estudiantes nuevos, el profesor Mauro Flórez nos compartía su visión sobre la convivencia con las máquinas que iban a tener inteligencia artificial, y con mucha preocupación uno de mis nuevos compañeros le preguntaba si era posible que la máquina tomara el control de la vida y lo perdiéramos los humanos y cómo podríamos evitarlo. Jocosamente el profesor le respondió: “debemos estar cerca del enchufe para desconectarla cuando eso vaya a pasar”. Pero, ¿es ese el único control que nos salvaría? Seguramente no.

Las distintas revoluciones industriales nos han permitido atender necesidades latentes de los seres humanos, pero quizás han generado otros problemas más complejos para la sociedad que requieren atención, y que nos ponen lejos del enchufe, pudieron ser causados por soluciones desarrolladas únicamente desde el aspecto técnico y científico, pero quizás descuidando otros fundamentales, como los valores, la ética y la preservación de la vida.

Con base en la historia y en las tendencias de la industria, ¿cómo considera que debe enfocarse su formación profesional para ser irremplazable?

 

Tomado de las palabras dirigidas a los ingenieros y matemáticos de la ceremonia de graduación 2020-1

Nelson Armando Vargas Sánchez

Director de Ingenierías

Publicado por Mariana Ríos Naranjo El día 11/26/2020 Enlace permanente Comentarios (0)

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