Usted está en: Inicio / Programa de Matemáticas / De la experiencia de un primíparo en el Congreso Colombiano de Matemáticas 2017 o del prestigio de la Konrad Lorenz en la comunidad matemática del país.

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Cuando llegué el lunes al campus de la Universidad Nacional de Colombia, llevaba dentro de mí una incertidumbre monumental. Sabía que personajes de la talla de Bruno D’Amore, Carlos Eduardo Vasco, Mikhail Malakhaltsev y Jouko Väänänen estarían presentes en el Congreso Colombiano de Matemáticas 2017 (CCM2017). Sabía también, que por más que intentara, habría plenarias en las que apenas entendería la idea principal y me sería difícil seguir el ritmo de las mismas, pero tal vez lo que más generaba ansiedad, era el hecho de llegar de una universidad joven a un espacio lleno de gente proveniente de las escuelas de matemáticas más arraigadas y con más historia del país.

Mientras pensaba en esto, caminaba por el campus lleno de publicidad del sesquicentenario de la universidad (es decir la celebración de los 150 años de la Universidad Nacional). Pensaba repetidamente que mi papel en el CCM2017 sería el de un espectador lejano del congreso, sin opinión ni preparación suficiente para aportar nada interesante, en el cual los personajes principales serían los clásicos de la Universidad Nacional, Los Andes o la Universidad de Antioquia. Luego de esta semana, me di cuenta que estaba muy alejado de la realidad.

En su plenaria, el Dr. D’Amore decía:

“La didáctica de la matemática es el arte de concebir y de crear condiciones que pueden determinar el aprendizaje de un conocimiento matemático por parte del individuo… Estas prácticas didácticas son también “condiciones” y por tanto, a su vez, objeto de estudio, así pues, la didáctica se presenta entonces como el estudio de tales condiciones, bajo forma de proyectos y de efectivas realizaciones.” (D'Amore, 2017).

Y tengo que aceptar que no entendí de inmediato la idea de esta proposición y que me llevó varias horas y agradables coincidencias entenderla, pero de eso hablaré más adelante.

Decidí ese día, participar en las plenarias y ponencias que iban al CCM2017 representando a la Konrad Lorenz, así vería a los que ya tienen experiencia y no me sentiría tan incómodo. Así empezó el cambio de mentalidad en el CCM2017.

 Entre las semiplenarias de geometría contribuida y topología producto de investigaciones de los Ph.D. Camilo Ramírez y Alexander Arredondo, la de la Ms.C. Luz Amparo Carranza en lógicas modales no normales y las ponencias de estudiantes en temas de Mecánica Celeste y Geometría presentadas por Ricardo Cano y Anderson Quintero, pasé mi primer día en el congreso, pero me percate rápidamente de la normalidad con la que los demás asistentes al congreso veían las charlas de la Konrad.

Yo veía las plenarias y ponencias de mis profesores y compañeros como temas de investigación de punta y, en general, muy interesantes y pensé que los demás asistentes, que ya eran más experimentados, demostraban poco asombro frente a ellas porque de pronto no lo eran, ¡una prueba más de mi inexperiencia!, pero me di cuenta rápidamente de que estaba equivocado y que la razón verdadera era que poco a poco la comunidad matemática se ha ido acostumbrando a que la presencia de la Konrad Lorenz en diversos escenarios de actividades académicas de matemáticas, sea sinónimo de calidad e innovación, de la misma talla que otras universidades de referente como los Andes o la Nacional.

Debo admitir que encontrar error en mi argumento inicial no fue debido a mi habilidad de deducción, sino al ponderado de las calificaciones lingüísticas que los participantes de más experiencia comentaban y yo escuchaba con mucha atención, algo así como pasar de un argumento ad ignorantiam a un argumento ad populum y un poco ad verecundiam.

Escuché en repetidas ocasiones las frases, “Oiga, la Konrad está haciendo cosas interesantes (o buenas según la conversación), la Konrad está invadiendo los congresos”,”esa plenaria de x profesor de la Konrad estuvo súper buena”, y más comentarios que por forma no replicaré, pero en definitiva hicieron cambiar mi punto de vista de una forma radical.

Fue en ese instante donde entendí la noción importante que nuestra comunidad matemática en la Konrad Lorenz debe tener en cuenta cada día que pasa, “Una buena universidad no es aquella que tiene toda su planta de profesores con posdoctorados y trabajando en la NASA, si nunca tienen tiempo para sus estudiantes, están desperdiciando toda su capacidad. En la Konrad, los profesores están todos académicamente bien preparados y están dispuestos a responder todas las dudas y a apoyar cualquier tipo de ideas de investigación de cualquier alumno, incluso uno de primer semestre”, es decir, como dijo D’ Amore, nuestra facultad existe en pro de “concebir y de crear condiciones que pueden determinar el aprendizaje de un conocimiento matemático por parte del individuo”.

Esto no es una idea romántica nacida de mi imaginación, es una verdad creada en los hechos que como estudiante de primer semestre veo diariamente en la potestad de juez y juzgado. Desde que ingrese a la universidad se me prometió que si trabajaba duro, si excedía mis límites diariamente, superando las dificultades personales para mejorar mi rendimiento académico, la universidad sin pensarlo se volvería cómplice de mi sed de conocimiento y tendría total apoyo de la facultad. Hoy tres días después del congreso y luego de varios días de reflexión, puedo asegurar que es verdad, que no estoy en una universidad invisible para la comunidad matemática, sino por el contrario, estudio en una universidad que es eje de referencia académico, donde se evidencia que la disciplina, el buen trabajo y el “Kaizen” dan como frutos no solo el prestigio, sino también la calidad necesaria para competir directamente con las mejores universidades del país.

El resto de días del congreso, pude asistir con más entusiasmo, con la mente más tranquila. Como ya sabía, en la mayoría me faltaban muchos conocimientos para entenderlos mejor, pero ya con la confianza necesaria, podía preguntar al finalizar cada semiplenaria personalmente al ponente, como en el final de la semiplenaria de Mikhail Malakhaltsev Una generalización de la fórmula de Gauss-Bonnet-Hopf-Poincaré por secciones ramificadas, donde luego de una explicación informal de la fórmula de Gauss-Bonnet-Hopf-Poincaré, y luego de pedirme que le enviara una foto por Facebook que previamente le había tomado, me dijo con su español con rasgos rusos: “esa Konrad es buena universidad, saludos a todos y espero volver algún día”.

Miguel Ángel Rodriguez Bernal,

Estudiante de Matemáticas

Facultad de Matemáticas e Ingenierías

Fundación Universitaria Konrad Lorenz

Publicado por Luisa María Fernández O El día 06/29/2017 Enlace permanente Comentarios (0)

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