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Hace ya un buen rato, aproximadamente cuando tenía unos 10 años, vi por primera vez la película “Volver al Futuro”, y me pareció fascinante la idea de poder viajar a través del tiempo, estar en diferentes épocas y, por qué no, cambiar algunos hechos de mi vida y de la historia que no me parecieron tan gratos, pero mientras disfrutaba la película, surgió una de las tantas preguntas que me llevaron a estudiar matemáticas: ¿qué es el tiempo?

¿Acaso era el tiempo aquello que siempre marcaba el reloj circular de la casa colgado en la pared de la sala? o ¿era ese ruido fastidioso que sonaba todos los días de lunes a viernes a las 5:00 am para avisarles a mis padres que ya debía levantarme de la cama para ir al colegio? o quizás el tiempo simplemente era lo que ocurría cuando en un momento era de día y en otro momento era de noche. Todas estas preguntas circularon por mi cabeza infantil sin tener una respuesta clara ni una idea formal de lo que realmente significaba la idea del tiempo.

Tuvieron que pasar bastantes años, alrededor de 15, para realmente comenzar a encontrar respuestas a mis preguntas. Me encontré con una idea que me inquietó aún más: “el tiempo es relativo”, y me generó más inquietud saber de quién venía esta idea, nada más ni nada menos que del gran Albert Einstein, el mismo que formuló la teoría de la relatividad; me concentré en estudiarlo, leer un poco acerca de su idea de manejar un universo relativo y comprender también cómo debemos ver y estudiar al tiempo.

Después de estudiar un poco, entendí que el tiempo es una variable completamente relativa desde donde queramos observar, es decir, dos eventos que ocurran en un mismo instante, se podrán observar de formas diferentes, como lo puede ser el choque de 2 partículas vistas desde puntos diferentes. Además, la idea de medir el tiempo es fabulosa, pues nos permite comprender a ciencia cierta el comportamiento de fenómenos naturales tales como el movimiento, o comprender el estado de reposo, pero vuelve a escena Albert Einstein: ¿con respecto a qué vamos a medir el tiempo?, por supuesto no hay un candidato mejor que nuestro propio planeta.

Usar nuestro planeta como referencia para medir el tiempo no es algo loco, ni descabellado, por el contrario, es una virtud de todas las culturas de la antigüedad que usaron su conocimiento para aproximarnos a una medida real de este.

El tiempo como lo percibimos está determinado básicamente por dos movimientos naturales de la Tierra, el de rotación y el de traslación, el primero para determinar el día y la noche y el segundo para saber cuándo completamos un año. Por el primer movimiento, gracias a las tecnologías desarrolladas para este fin, sabemos que la rotación terrestre tiene una duración aproximada de 23 horas, 56 minuto y 4 segundos. Por otro lado, la traslación terrestre tiene una duración aproximada de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos.

Pero hoy en día todo esto puede cambiar drásticamente; el hombre se ha dedicado a consumir sin medida los recursos de nuestro planeta, y ha obligado a las potencias mundiales a explorar el universo en busca de nuevos mundos donde en un futuro se pueda pensar en una colonización de la humanidad en un planeta diferente al nuestro, y nuestro vecino más próximo es Marte, el planeta rojo.

Mi idea no es hablar acerca de la posibilidad de habitar o no este planeta, tampoco es crear un debate sobre si se debe o no colonizar, quiero centrarme únicamente en algo que se deriva de este hecho: ¿qué va a pasar con la medición del tiempo si cambiamos de planeta? ¿envejeceremos más rápido o más lento? incluso, ¿deberíamos hasta replantear todo nuestro sistema de medida?, porque recordemos que nuestro sistema métrico decimal está fundamentado sobre las medidas de nuestro planeta, entonces sencillamente todo cambiaría de manera violenta para nosotros, y acá les mostraré un pequeño ejemplo:

Si comparamos los movimientos de la Tierra con los de Marte, los cuales nos dicen que la rotación marciana tiene una duración de 24 horas, 39 minutos y 35,2 segundos, y la traslación marciana una duración de 687 días, tendríamos una diferencia en la longitud del día de aproximadamente 43 minutos, lo cual no es tan significativo, ya que son periodos de tiempo muy parecidos. Pero la diferencia más notoria sería en cuanto a la duración de un año: aproximadamente dos años terrestres de diferencia... es decir que, por cada año marciano, habrán transcurrido casi dos años en la Tierra. En este orden de ideas, podríamos ver un caso particular, por ejemplo, cómo afectaría este hecho a la función biológica del cuerpo humano y de otros seres vivos, pues es claro que el tiempo también determina los cambios metabólicos asociados al desarrollo natural de los seres. En otras palabras, una muy buena pregunta sería ¿Cómo envejecerían los seres vivos? Pero esto es tan solo una especulación.

Extrapolando, por cada planeta “habitable” que quisiéramos ocupar se tendría que hacer el mismo ejercicio, es decir, comparar la forma de medir el tiempo contra la forma que usamos en la Tierra, pero la pregunta sería: ¿y si se define un nuevo sistema de medida del tiempo que sirva para todos estos planetas? Y más aún, ¿cómo sería la medición de longitudes si no tomamos como referencia a la Tierra? ¿qué nombre le pondríamos?

Por mi parte, seguiré pensando que en el universo exista un valor absoluto para el tiempo, y no quiero refutar en nada lo planteado por Einstein, solo que, desde mi punto de vista, el tiempo que transcurre en el universo, es decir, pensemos en un reloj universal, el que comenzó a correr desde el origen del universo, sea cual este sea, debería decirnos su edad real pero comparada desde ese mismo instante, y no solamente desde un parámetro terrestre sobre el cual lo hemos intentado determinar.

 Pedro Alonso Fajardo Rivera 

Estudiante del programa de matemáticas, Konrad Lorenz Fundación Universitaria.

Este post participa en la Edición 8.3 del Carnaval de Matemáticas cuyo anfitrión es el Blog Semillas.
Publicado por Luisa María Fernández O El día 04/27/2017 Enlace permanente Comentarios (0)

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